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Bueno el nombre vino de una tormenta de ideas de nombres que describieran la naturaleza diversa y cambiante del mundo que refleja nuestro blog, y es como una enciclopedia de lo esquizofrenico de la red, así que esquizopedia fue el elegido...

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Blogtella al mar (para el dios de las palabrotas) es un guiño/homenaje a un discurso de García Márquez que me hizo empezar a pensar, a los 14 años, en el alcance del poder de la palabra. Empezó siendo "Blogtellas de cerveza al mar para el tries de las palabrotas" pero me pareció demasiado recargado y lo acorté. Lo de Tries era como Dios, pero más.

Acá tiénes el texto:

Botella al mar para el dios de las palabras

A mis doce años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado! El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: ¿Ya vio lo que es el poder de la palabra? Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor, que tenían un dios especial para las palabras.

Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor.

No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

La lengua española tiene que prepararse para un ciclo grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de diecinueve millones de kilómetros cuadrados y cuatrocientos millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en los Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga cincuenta y cuatro significados, mientras en la república del Ecuador tienen ciento cinco nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero, dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazo un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que Don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es el color de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cereza que sabe a beso?

Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempos no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa.

En ese sentido, me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis doce años.

(Gabriel García Marquez... el maestro)

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Joven es tiempo de hablar es un blog que nace como un medio de expresión del programa televisivo del mismo nombre que se emitía en Canal 41 Grupo Pacífico de Comunicaciones de Lima - Perú, durante los meses de Enero 2006 y Agosto 2007.

En la etapa de pre producción del indicado programa, pensábamos en un nombre que tuviese que ver con la reflexión por los temas que acontecen en la sociedad, dado que en mi país poco se opina sobre los aspectos de la realidad nacional. De esta manera, temas de política, economía, artes, ciencia, educación empezaron a ser tomados en cada programa y que luego se fueron convirtiendo en post en el blog.

Llegó un momento en que se tenía más influencia por medio del blog que por el programa televisivo, lo cual originó que el blog tuviese vida propia y ya no más como un informativo de lo que sucedía en la TV.

Es tiempo de hablar, y no de callar, es tiempo de expresar un punto de vista que aporte soluciones a los grandes problemas del país, bajo una perspectiva de principios bíblicos. Parte de la realidad analizada y criticada lo constituyen el tema de las iglesias y sus tradiciones, las cuales son revisadas constantemente a efectos de proveer a las nuevas generaciones de la sencillez del evangelio integral del reino de los cielos.

Se incluyo a último momento la palabra JOVEN, ya que se quería marcar la trascendencia de una comunicación a una nueva generación hambrienta de cambios, de la verdad... y sobre todo de libertad.

Joven es tiempo de hablar.

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